Cabo de Hornos

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domingo, 7 de marzo de 2010

PANAMÁ

 Panamá, puente comercial entre dos océanos, pedazo de tierra inundado de cuerpos y agua para beneficio de la “Humanidad Corporación S.L.” Trozo de pastel y en el reparto un solo comensal. USAndolo y exprimiéndolo a perpetuidad, a cambio de 10 millones de dólares, y 250.000 anuales.
30.000 muertos en la construcción del canal. Entre accidentes y enfermedades (malaria, esquistosomiasis)Unos 25.000 en el periodo Francés y 7.000 en el periodo americano, de los cuales más de 5.000 eran antillanos (afroantillanos y afrocoloniales).   
1986, cuando yo pisé Panamá, el General de la Guardia Nacional  Manuel Antonio Noriega llevaba tres años de gobierno. Dictador, corrupto y traficante de drogas, acusado y condenado por colaborar con el “cartel de Medellín” durante su mandato, responsable del asesinato de Hugo Spadafora, político y médico panameño (encontraron su cuerpo decapitado en la frontera con Costa Rica).
 En el 89, Noriega declara al país en guerra contra EE.UU, que en esas fechas estaba bajo la presidencia de George Bush (padre) nada más y nada menos, el mismo que empezó el follón de Oriente Medio. El 19 de Diciembre a las 23.30 y sin previo aviso la aviación de EE.UU bombardea e invade Panamá. Este ataque sin precedentes, con nocturnidad y alevosía causó más de 5.000 muertos, de los barrios más humildes. Entre los fallecidos se encontraba el fotógrafo español Juantxu Rodríguez. El nombre de la operación “Causa Justa”. George Bush justificó la invasión en defensa de los “intereses norteamericanos” en aquel país. Y lo hacía matando dos pájaros de un tiro: por un lado se quitaba a Noriega de en medio ¡dándole un aspecto social a la invasión - (el general era un dictador)! Y por otro diezmaba al ejército panameño y el canal se quedaba sin defensa nacional, que por entonces estaba compartida con las fuerzas norteamericanas. Por tanto EE.UU seguiría ejerciendo en solitario la defensa de las esclusas indefinidamente, ya que en el año 2.000 tendría que haber pasado la tutela del canal a manos  de los militares panameños. ¡No sé! parece que todo estaba preparado ¿no?- ¡Estaban trabajando en ellooo! -Este “Geooorge” siempre tan intrigante. 
No hay “Esclusa” que justifique tantos muertos.
Manu Leguineche afirma que "todo viaje comienza en una librería”. Es cierto. Yo empecé a viajar con Julio Verne y desde entonces mi interés por conocer nuevas culturas y formas de vida ha ido en aumento.
Las reglas básicas del viajero son: ir solo y con poca ropa, mejor si es usada, deshaciéndote de ella cuando esté  inservible y comprar en mercadillos la que te haga falta, ser precavido y fiarte de tu intuición y billete de ida y vuelta por si hay problemas salir volao. El único equipaje imprescindible son tus sentidos, ojos bien abiertos, oído despierto ante el comentario del paisano y, en mi caso, mí LEICA Histórica M6  y dos objetivos: un 50mm y un tele de 100mm. 
El alcohol y la barra  aproximan los codos y sueltan la lengua. Los taxistas suelen ser buenos voceros de su ciudad, pero en este país y en este momento  hay –mucho secreta buscando escusa. 
Sin voces en tus oídos no hay relato de viajes que merezca la pena. El viaje con fines literarios es el más rentable, porque lo haces repetidas veces: cuando lo planificas, cuando lo vives y al escribirlo.
                                 Ciudad de Panamá
  La antigua Ciudad de Panamá fue fundada por Pedrarias Dávila en 1519 y fue destruida en 1671 por el pirata inglés Henry Morgan, que actuaba con patente de corso concedida por la corona británica.
La Ciudad de Panamá es cosmopolita, con diversidad de culturas razas y tonos de piel. Con casi 3 millones de habitantes, su población está compuesta de mestizos (amerindios con blancos) y mulatos (blancos con negros)  y de personas de orígenes étnicos variados. Pude ver a un hombre de color tostado de rasgos asiáticos y ojos azules con cabellos ensortijados de color castaño (cercano al rubio). La ciudad en sí contenía tres ciudades, las ruinas de la primera, devastada por el corsario Morgan que datan del siglo XVI llamada Panamá La Vieja, la sección colonial española de la ciudad conocida como el Casco Viejo que data del siglo XVII, y la ciudad de los rascacielos con su próspero y moderno distrito comercial.
De día bulliciosa y colorida, semejante a otras ciudades caribeñas, pero de noche se transforma en una urbe intrigante acelerada y golfa. Personajes con mirada de captación de clientes para sus locales de alterne, parecían extraídos del famoso tema de Rubén Blades “Pedro Navaja”. Al iluminarse los clubes nocturnos, caes en la cuenta de la gran influencia comercial de ese mundo alcahuete y proxeneta. Es una sensación personal basada en los encontronazos un tanto descarados de estos representantes del sexo para ofrecerte sus servicios. Bueno, los servicios  de las meretrices de todo rango y color.
Después de acomodarme en un hotel céntrico cerca de la Catedral decidí planificar mi trabajo. Primero visitar el Canal, ver las esclusas – y si fuera posible hacer fotos desde algún buque de grandes dimensiones cruzándolo desde el Pacifico al Atlántico.
                                                  Kuna Yala

Visité el archipiélago de San Blas, 365 islas una para cada día del año, aunque: solo 36 están habitadas. Me acomodé en un Lodge de paredes y techo vegetal. En parte era un palafito, es decir, mitad en tierra y mitad en el mar. 
 Tenía una piscina con agua de mar  que servía de criadero de langostas. Si querías desayunar omelette de langosta, te metías en la piscina buceabas un poco, agarrabas tu crustáceo y voila. Me sumergí en el Caribe Panameño, pero la experiencia venía con sorpresa – al parecer, no tenían bien resuelto la evacuación de los residuos fecales- bueno, no me bañé más en ese maravilloso atolón de coral, prefería la compañía de mis langostas. Cuando acabé mi trabajo compré un par de Molas típicas bordadas por las mujeres Kuna y regresé a la ciudad de Panamá. (Las "Molas" son parte del atuendo diario femenino, acompañadas de una falda larga con vistosos colores)
 
                                 Los Embera-Wounaan
Un día  para  hacer los preparativos y partí para el Darién. Un viaje demoledor. Pero llegar al pueblo de Yaviza fue reconfortante. Sus gentes, Emberá y los Wounaan, en nada se parecían a los Kuna, malhumorados y peseteros (imagino que tanto turismo les transformó). Los pobladores del Darién por el contrario, eran amables y sonrientes y bastante más guapos por cierto.
Yaviza  aún conserva vestigios de la época colonial española. El Darién está considerada  la región más lluviosa del planeta. No es una zona apropiada para el reuma, pero sí para el espíritu. El tiempo se paró en Yaviza. Navegué  en sus largas canoas por el río Chucunaque, el más largo de Panamá, me enseñaron a cazar con trampas, dancé y me sumé a sus cantos. Al calor de una buena hoguera intercambiamos historias tristes unas, alegres otras, compartí sus cabañas y sus hamacas, compartí mi tabaco, les regalé camisetas, me despiojaron, repartí todos los caramelos a los niños y ellos me ofrecieron pescado. Un día soleado y maravilloso jugué con las mujeres al baloncesto en un campo de hierba recién segado sin tomar precauciones, me descalcé y la coloradilla se coló en el último poro de mi piel. La picazón y el tormento me duraron varias semanas. Ahora mismo me estoy rascando sólo de acordarme.
 La más relevante de sus tradiciones es la Ceremonia de la Pubertad Femenina, donde la púber se aísla de todo contacto social excepto de la madre durante una semana. Al terminar este período de reclusión que coincide con el término de la menstruación, la niña es pintada con tinturas de origen vegetal  y se le corta el cabello como signo de su condición virginal.
Me despedí con abrazos y sin palabras. Sonreían con cierta tristeza, pero ellos se quedaban en el paraíso. Yo, sin embargo, regresaba a la tierra.



        -La maldición del “Atún de aleta amarilla-
     
A mi regreso a la “civilización” el recepcionista del hotel me entregó una nota el remite correspondía a: Iñaqui Abarrategui  Director Comercial de: Conservas Garavilla
La nota interior, escueta y concisa:
 Está usted invitado a visitar nuestra planta conservera, una de las más grandes y modernas del mundo.
 A las 9:00  de mañana pasarán a recogerle.
 Le rogamos sea puntual.
En caso de declinar la invitación comuníquelo en recepción.
                                 Un saludo.

Bueno y ¿por qué no? En realidad, ya había acabado mi cometido en Panamá ¿qué podía perder?
 A la mañana siguiente, el conductor de la conservera me trasladó en un elegante Audi. Me recibió en persona el autor de la nota. Después de las presentaciones, me enseñó la planta de envasado que a mí me pareció inmensamente grande, ruidosa y poco interesante (me esperaba otra cosa) y así se lo dije. –Tomaremos un refrigerio y luego le enseño “la joya de la corona”
Durante la comida me habló del sistema de pesca del atún, del espionaje que existía entre navieras por localizar los “bancos de Atún”. De los trucos y engaños utilizados –hay que tener en cuenta que hay muchos millones en juego-. El euskera es un idioma que muy poca gente estudia fuera de nuestra tierra y eso nos da una ventaja importante frente a las navieras americanas y japonesas. Y pasó a explicarse –Nuestros helicópteros rastrean el mar en distintas coordenadas en busca del preciado “botín”. Cuando uno de ellos localiza la presa, inmediatamente comunican en euskera la situación exacta a nuestros atuneros, mientras estos ponen rumbo hacia el objetivo, el copiloto del helicóptero lanza cartuchos de dinamita al banco de atunes para obligarlos a cambiar de dirección, dándose de bruces con nuestra flota. Las planeadoras rápidas se encargarán de extender las redes y acorralar a la “manada”¿Entiende ahora la importancia del idioma? Cuando la competencia quiera descifrarlo es demasiado tarde. Además jugamos con el factor del paisanaje, los vascos somos un pueblo muy unido frente al exterior y eso hace que sea difícil comprar voluntades, sin embargo, nosotros tenemos en nómina traductores Samoanos, Nepalíes, Quechuas, en fin, más de veinte entre lenguas y dialectos, pero ellos no tienen un solo vasco.
Me parecía muy interesante, y sería, sin duda, un buen tema para una narración. Le pregunté si próximamente habría una incursión y que en caso de haberla ¿me dejaría participar? Sí, me contestó -Mañana mismo hay una batida, pero no significa que sea fructífera  y son jornadas agotadoras, pero si está tan interesado  haré las gestiones oportunas. Eso sí, tendrá que firmar un protocolo de seguridad, asumiendo los riesgos que esta acción conlleva, exonerándonos a nosotros de toda responsabilidad. Acepté sin dudarlo.
 La madrugada del día siguiente me encontraba en un helicóptero con dos vascos descerebrados y una caja de cartuchos de dinamita, Pacifico adentro sin rumbo fijo, en busca de sangre fresca. Gorka Tamborenea era el piloto, hombre con cara de pocos amigos (apenas se dignó a mirarme en las presentaciones). Estaba claro que no le gustaba nada mi presencia en la nave. Antxon Eguibar por el contrario, parecía encantado con que estuviera a bordo. Antxon  era el encargado de hacer cambiar de "opinión” a los atunes, en caso de encontrarlos claro. Conmigo se mostró dicharachero desde el principio, esto sin embargo molestaba al piloto  porque nos hablábamos a través de la emisora interna, mezclándose con la comunicación que recibíamos de los  atuneros. La verdad, entre Antxon las comunicaciones y el ruido del helicóptero, me dolía la cabeza – y sólo llevábamos 40’ en el aire.
Empecé a hacer fotos a las nubes y a los tripulantes. Gorka  me hizo un gesto grosero  con el dedo corazón estirado y decidí no hacer más fotos. Valoraban con el comandante del atunero si regresaban a repostar y de paso, se quitaban una carga de encima –o sea, a mí- De pronto, Antxon que escudriñaba el mar con sus prismáticos se movía nervioso, indicando con su mano una mancha amarillenta en el mar a menos de una milla. El operativo se puso en marcha: mientras Gorka les comunicaba las coordenadas en euskera a los atuneros, Antxon se colocaba cinco o seis cartuchos de dinamita entre sus piernas.  Después sacó un puro se lo puso en la boca, lo encendió, abrió y aseguró su puerta y me dijo: –prepárate Carlitos que empieza el baile- Esta era la situación: tres tipos dentro de un helicóptero dando bandazos a menos de 20m del mar, uno de ellos con un cigarro habano encendido en la boca y un cartucho de dinamita en la mano derecha. Debió de verme cara de asustado e intentó tranquilizarme diciendo –no te preocupes, son cartuchos de salva, mucho ruido y pocas nueces-. Se sacó el puro de la boca le hizo una señal a Gorka encendió la dinamita y la lanzó con fuerza. Estalló a menos de 30 cm del agua, que empezó a hervir. Los atunes estaban descontrolados. Yo estaba entre asustado y emocionado, pues no paraba de hacer fotos. Antxon hacía su trabajo mecánicamente, se sacaba el puro de la boca encendía la dinamita y la lanzaba contra el banco de atunes, y, efectivamente, la manada de peces empezaba a cambiar de dirección como un solo cuerpo, Antxon lo estaba consiguiendo, se sacaba el puro de la boca encendía la dinamita y la lanzaba. Pero una fracción de segundo, sólo una fracción de segundo, me pareció verle en la boca la dinamita encendida y el puro en el aire.
Me desperté en una cama de hospital, con la cabeza vendada, me dolía mucho el oído derecho, el brazo izquierdo en cabestrillo, en fin, me dolía hasta el pelo. El doctor me puso en antecedentes. Parece ser que la dinamita estalló dentro de la cabina y el piloto perdió el control  y el aparato se precipitó al mar. A mí me encontraron flotando con mi Leica colgando del cuello y sin conocimiento. Tengo el tímpano reventado y la clavícula fuera de su sitio. Gorka tenía la pierna derecha rota y un montón de magulladuras. Antxon había salido peor parado, la mandíbula inferior se había volatilizado y no sabían si  perdería el ojo izquierdo. Solo hubo dos victimas mortales, el helicóptero y mi Leica.H- M6.
Si llego a saber que el ruido es tan canalla, le habría aconsejado a Antxon  que moviera a los atunes con insinuaciones del tipo: "¿Les importaría echarse un poco a la derecha? gracias, un poco más si no es molestia, gracias, gracias, por su amabilidad".

domingo, 31 de enero de 2010

MÉXICO


De los once viajes que hice a Méjico ninguno me decepciono. Este fue el tercero. Había leído con mucho interés sobre su historia y la conquista española. La odisea de Hernán Cortés derrotando a Moctezuma y provocando el hundimiento del poderoso imperio azteca, en la maravillosa obra de: László Passuth “El Dios de la Lluvia llora sobre México”. O, “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España” de Bernal Díaz del Castillo. Me parecía una aventura  con unas dosis de osadía tal, que provocaba a la cordura. La conquista de América en general adquiría tintes de leyenda, comparable a la conquista del espacio en nuestra era .Méjico me atrapó en el primer viaje y nunca me pude escapar.
1981 era el año en curso. Malos tiempos para la lírica en Méjico, años de corruptela en el declive de la era José López Portillo; presidente prevaricador y corrupto que junto con su esposa Carmen Romano; mujer déspota y arrogante, que dirigió la política cultural del país solo para darse a conocer como pianista y relanzar a su hija como vocalista. Esta iniciativa  ocasionó un sonado escándalo del que se hicieron eco los tabloides nacionales: El Universal, La Jornada, Reforma, Diario de México. Con este último tomó cartas en el asunto personalmente, mandando a su escolta privada con la orden de asaltar la redacción. Lo que hicieron al pie de la letra. Arrasaron incendiaron y apalearon a varios de sus redactores.
Otra joya de la república; Arturo Durazo Moreno, más conocido como el “Negro Durazo” amigo personal de Portillo. Nombrado Director del Departamento de Policía y Tránsito del Distrito Federal. Le hicieron General de División, sin pasar por el ejército, y le condecoraron con el Doctorado Honoris Causa del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal sin antecedentes universitarios. Torturador de sus propios hombres. Enriquecido escandalosamente (se decía de él que vendía los uniformes y las armas a sus subordinados si querían ejercer). Se le asoció al poco tiempo con el asesinato de 12 atracadores colombianos. Un caso que conmovió a la opinión pública, ya que los cuerpos sin vida de los delincuentes aparecieron en las aguas del río Tula con visibles huellas de tortura y tiro de gracia incluido. Durazo fue detenido en Puerto Rico en 1984 por policías estadounidenses y extraditado a México bajo la acusación de homicidio múltiple, evasión fiscal y acopio ilegal de armas(pasó ocho años encerrado). Cuando le detuvieron Entre otras muchas propiedades que le requisaron, se encontraba una réplica hortera del Partenón en  Zihuatanejo, que no pudo ser vendida por el mal gusto de su estética y el alto costo de su construcción. Sobre este personaje (más bien, sobre sus fechorías) escribieron un libro que fue líder en ventas un año, y se mantuvo entre los diez libros más vendidos- cerca de cinco.
Méjico a tenido y tiene grandes escritores:
Carlos Monsiváis, cronista, ensayista y también fabulista.
Carlos Fuentes, más de veinte novelas, guionista y articulista de opinión.
Octavio Paz, escritor y poeta, Premio Nobel de literatura.
Los tres escritores con más fama del país, y proyección internacional, con sus mejores novelas no vendieron en un año en Méjico, ni ochocientos mil ejemplares.
Bueno pues “Lo Negro del Negro” novela de José González guardaespaldas personal de Durazo, vendió en menos de tres meses más de un millón de ejemplares después de su detención. El autor más hortera que su jefe y no sé si más peligroso, fue denunciado por difamación y obligado a indemnizar a su antiguo jefe. ¿Cómo se te queda el cuerpo?


                                     San Luis Potosí
La verdad es que México es el país más surrealista del mundo –por lo menos del mundo que yo he conocido. Eso opinaba también Buñuel y Aldous Huxley. El primero se trasladó allí a hacer cine, porque el surrealismo no tenía que crearlo, se encontraba hasta en el último poro de esa tierra. Y el segundo se lo encontró de bruces. Me explico—en San Luis Potosí, leí un texto de los años cincuenta, que guardaban como oro en paño sobre un suceso de lo más surrealista, del cual fue “victima” Huxley, que visitó la ciudad en busca de la  mescalina, (sustancia  sicodélica proveniente del peyote) a la que se había aficionado. Se instaló  en una pequeña estancia una temporada, en la cual pretendía escribir después de experimentar sobre los efectos del sicotrópico --para el descubrimiento del espíritu--y encargó que le hicieran una mesa. Los artesanos de Potosí gozan de una muy merecida fama, pero, Huxley no se fiaba y quiso dirigir la obra. Habló con el artesano, pero seguía sin convencerse. Y decidió que le haría un dibujo detallado de la mesa. Huxley le entregó al mexican -como así gustaba de llamarles- la mesa dibujada en perspectiva, es decir el frente era más ancho  y las patas más largas y la parte del fondo se veía estrecha y las patas más cortas. El artesano cogió  la hoja hecho un vistazo, asintió con la cabeza y se marchó. Seis días después regresó con la mesa, era tal cual la había dibujado Huxley. Un lado ancho y con las patas altas y robustas y por el otro estrecho y con las patas de una cuarta de alto y bien finitas. No sé, si, después de esto Aldous Huxley escribió “Las puertas de la percepción” pero de lo que no me cabe ninguna duda- es que flipó en colores.

                                                         Oaxaca
                                                      "La Mordida" 
En esta ocasión me dirigía al estado de Oaxaca, a un pueblito en particular: Huautla de Jiménez,(enclavado en lo más alto de la región Mazateca, a unos 1.180 m sobre el nivel del mar)  para realizar un documental sobre los chamanes y los curanderos. Más concretamente sobre María Sabina, famosa por el conocimiento de los hongos alucinógenos o sagrados que usaba en ceremonias, por sus propiedades curativas y videntes (ella, los llamaba "niños santos")  cuando tomaba los hongos adquiría un carisma místico que portaba con toda naturalidad -como si de una santa se tratara-. Mujer sabia, respetada y un icono para los hippies.
Soy mujer de esfuerzos,
Soy mujer de llanto,
Soy mujer de palabras,
Soy mujer creadora,
Soy mujer curadora,
Soy poseedora de la sabiduría de las plantas.
La noche  de mi llegada al D.F. la pasé en el Hotel Madrid. El propietario era un amigo del corresponsal de T.V.E., y por tanto teníamos trato favorable. Pretendíamos  salir de madrugada pero un suceso imprevisto retrasó nuestra salida. Resulta, que en el  Duty Free Shop del aeropuerto de barajas, habíamos comprado tabaco, Whisky para todo el viaje pero además, yo compré una botella de Coñac Napoleón que tiene mucha fama en Méjico, y por tanto podía ser un regalo de agradecimiento o de salvación si la cosa se torcía. Bueno, pues la mañana que partíamos a Oaxaca preparamos el material de rodaje y la ropa  necesaria para este tramo del viaje, dejando el resto del equipaje en una habitación que nos cedió amable y gratuitamente el director del hotel,- porque al regreso partiríamos de nuevo a otro estado para rodar con los Huicholes. En esta estaba, cuando me doy cuenta que falta el coñac. ¡Date! ya empezamos. Llamamos al director y le expusimos nuestro problema -bueno, su problema, porque en el hotel había un “chorizo”-. Como no aparecía la botella, el director dijo; que entre todos los empleados del turno de noche pagarían el coñac, y si no lo hacían estaban despedidos- todos. Claro, el precio de la botella no era el del duty free si no, el precio de mercado en Méjico. O sea, un pastón. Pagaron pero la botella no apareció. Total, que salimos pasadas las once de la mañana. Eso nos obligaría a hacer noche en el camino.
Alquilamos un cochazo, un: Chrysler Lebaron del 79 familiar, de campo y ciudad. Era un capricho que tenía desde la primera vez que visité Méjico. Cómodo y espectacular, todo una leyenda. Cargamos el equipaje y rumbo a Oaxaca. Teníamos que atravesar el estado de Puebla, por la carretera federal 182. Decidimos comer en la- Heroica Puebla de Zaragoza- a unos 180 km del D.F. Después de parquear en garaje vigilado, fuimos a por nuestro menú poblano. Javier quiso probar la Cemita --un tipo de pan crujiente que en su corteza lleva ajonjolí (semilla del sésamo) y piloncillo (jarabe de caña de azúcar seco) el pan se abre a la mitad y se rellena de milanesa, papas hervidas, rodajas de papas fritas, quesillo, rajas de chile jalapeño fritas y sin desvenar (lo que resulta un emparedado bastante grasoso y picoso) cebolla y jitomate. A mí personalmente me pareció una bomba, pero como el que tenía que conducir el siguiente tramo era yo, pues…Mi menú fue más “ligero” me decidí por el Mole poblano –es una salsa hecha a base de chocolate, canela, nueces y varios tipos de chiles, que servía para aderezar el guajolote (pavo) me resultó de una exquisitez  digna de virreyes, bueno, de un “gringo” con plata. De trago un tequila derecho y a tirar millas.
Seguimos por la F182 dirección Tehuacán, donde teníamos intención de hacer noche. Dormimos en una , pensión de mala muerte, donde la mujer del dueño le tiró los tejos a Javier, metiéndose incluso dentro de la room. La echó sin contemplaciones. Los maridos en Méjico son de armas llevar. Salimos con las primeras luces comentando lo de la rubia oxigenada, fiiu que mal rollo, guapa era y en otra circunstancias ¡quizás! Al poco de salir de Tehuacán, una patrulla de la policía federal de transito nos para, y amablemente nos pide los papeles y preguntan a donde nos dirigimos. Les indicamos el lugar de nuestro destino y nuestro cometido. Teníamos nuestros permisos en regla.
Uno de los polis nos preguntó: ¿portan ustedes algún arma?
- No, solo un equipo de filmación ¡ya sabe! cámaras y equipo de captación de sonido.
-Como, que no portan ninguna arma- preguntó el otro policía -como sin dar crédito- ¿No saben que el estado de Oaxaca es de los más peligrosos de México? Está lleno de bandidos, seguro no durarían ni la entrada. Ni modo, sin herramientas de fuego no hay chance. Así que den vuelta a sus pasos, no queremos los fiambres de unos pinches gringos. Salvo -Intermedio el otro poli- que acepten un revolver que nosotros tenemos para estas ocasiones, solo que tendrán que pagar un depósito, que nosotros o los compañeros de turno, a su regreso les devolverán a cambio de la arma, menos un porcentaje del 5%.      
Y, ¿a cuánto asciende ese depósito?
Doscientos $USA, cien por el revólver y otros cien por el cargador.
Bueno ¿qué podemos hacer? Pagamos y continuamos viaje, sin decir ni “mu” y con cara de ¡a mí esto no me cuadra!
 Entrabamos en el estado de Oaxaca, y a menos de sesenta km de Huatla. Acabábamos de salir del término municipal de un pueblito muy pequeño llamado San Jerónimo Tecoalt, cuando nos tropezamos con otra patrulla de polis. Nos dieron el alto pidiéndonos los papeles. En fin, lo habitual. Vieron que todo estaba en orden, y así, como quien no quiere la cosa me preguntan: ¿llevan ustedes armas de fuego? Ya saben ¿Cómo le dicen ustedes? ¿Pistolas?
Los dos nos apresuramos a contestar: pues sí, si tenemos pistola.
Así que llevan pistola. Y ¿tienen permiso para portarla? Es decir ¡lisensia!
¿Licencia de armas? no, no tenemos, sus compañeros no nos dijeron nada de la licencia cuando nos dieron el revólver, solo que al regreso nos devolverían el dinero que dejamos en depósito.
¿Nuestros compañeros? ¿Qué quieren decir? Que unos encharolados les vendió un arma. Afirman que el revólver no es suyo. O sea, hijos de la gran chingada, están diciendo que unos colegas del cuerpo participaron en cohecho a sabiendas,  para reportarles beneficios económicos. Enseñen el contrato que firmaron. Vamos, esto tiene que quedar aclarado antes de llevarlos a judicatura, el lisensiado les aplicará rejas.
Lo sentimos ha debido de ser un mal entendido -me atreví a decir sabiendo a estas alturas, que nos la habían jugado- Seguro que hay forma de arreglarlo si ustedes nos ayudan, porque nosotros pensábamos que este estado era peligroso, y, bueno ya saben con este material tan caro.
Tú ¿Qué opinas compadre? Preguntó un poli al otro, que se mantenía más alejado.
No sé, no sé. Se me hace que estos gringos no son de fiar.
Mire –les dije- pueden llamar a la embajada española, ellos les confirmaran nuestra versión.
Venimos a hacer un documental sobre María Sabina.
Andele, allá en la madre patria también conocen de las curaciones de la “sabia”, es la chamana más grande y autentica que dio tierra alguna en este mundo. Miren por el respeto que la tengo voy hacer una excepción, les dejaré irse, eso sí, cuando me devuelvan el fierro y paguen la sanción correspondiente.
Muy  agradecido agente, y disculpen nuestra torpeza ¿a cuánto asciende la sanción?
Lo vamos a redondear a doscientos $USA, evitando así el papeleo,  y tener que incomodar al juez.
Pagamos les entregamos la pistola y esperamos.
¿Qué, esperan un recibo? ándele y no mamen wey, lárguense antes de que les tronemos. Dense una culeadita con una güera de buenas nalgas, y cuidado con los hongos, que atarantan.
Nos montamos en el carro y aceleré a trompicones -me temblaban las piernas- no acertaba con el cambio- se me olvidó que era automático-  no le dirigí ni una mirada a Javi, miraba al frente, no dijimos ni una palabra. Después de voltear una empinada cuesta, y detrás de una ligera calima que se disipaba con pereza, hizo su aparición Huatla de Jiménez, esto nos hizo tomar tierra.
Y para mis adentros me hice la pregunta ¿qué pasará si me tomo los hongos?

sábado, 16 de enero de 2010

COLOMBIA

"  La caja de la sorpresa"
                                 Ibagué

 Ibagué, capital del departamento del Tolima, zona caliente, con los mejores cafetales del mundo. De varones con orgullo, de mirada altiva y machete al cinto (por si hubiera que salvar alguna diferencia), y hembras con un timbre en la voz, que encandilan tanto, como su contoneo al ritmo del Vallenato.
Caliente, por el deseo y los amantes. Por la guerrilla y por el narcotráfico, por los ajustes de cuentas y los líos de faldas y de calzones.
Me encontraba en esta ciudad siguiendo la huella literaria de Álvaro Mutis, (premio Príncipe de Asturias de las Letras y premio Cervantes, entre otros muchos). Creador del poemario “Los elementos del desastre”. También del personaje que le dio el reconocimiento del gran público: Maqroll el “Gaviero”; marinero experimentado y aventurero que se interna tierra adentro en busca de vetas de oro, cavando grutas en desniveles de barrancos cercanos a ríos como: el Coello, donde también buscó oro en sus orillas el abuelo de Mutis.
Las jornadas en esta región eran agotadoras, debido al mal estado de las carreteras, no obstante, había conseguido visitar más de seis minas, todas en barrancos infernales, y de entradas angostas, en las que te tienes que desplazar gateando por su interior; a veces más de quinientos metros. Algunas de estas galerías guardaban bajo sus derrumbadas paredes historias lapidarias. Otras por el contrario, acabaron con la penuria de sus descubridores; las menos, a decir verdad.
Adentrada la noche, regresaba a la confortable habitación del hotel en Ibagué, y después de una buena ducha, me dirigía a alguno de sus muchos restaurantes de comida criolla, en busca de un menú, que me devolviera a la realidad del “gallego” con plata que se mezclaba con los pudientes de la zona. Después solía visitar sus famosas salas de villar francés, deporte este que los ibaguereños practican casi como una religión. Me aficioné a uno grande; con más de veinte mesas, y en el que se celebraban competiciones con apuestas incluidas. Me hice amigo de Elvira, camarera y la amante de Conrrado, dueño del local. Creo, que mis propinas tuvieron algo que ver, en correspondencia, ella era generosa en sus comandas; me servía buenos tragos del mejor ron. Un día (después de once ó doce visitas) Elvira, con la copa de ron, me dejó una nota en la que indicaba que fuera a los servicios, para invitarme a la “especialidad colombiana”. No lo dudé ni un instante, me dirigí al escusado, Elvira se encontraba allí cortando con su tarjeta de identificación una nieve de color macilento, invitándome a probarla. Resultó una bomba, me enderezó de tal modo que pensé que Spiderman, no era un personaje de ficción, si no que había visitado Colombia. A la salida, vi que una persona se introducía de una manera casi clandestina, en las dependencias que yo abandonaba, (se tapaba con el hombro su rostro) si no hubiera sido por ese detalle no habría preguntado a Conrrado; quien era ese personaje que de manera sospechosa entraba en el servicio, y que después de más de media hora no había salido. El propietario del local, se vio en la obligación de contarme la historia.
Diomedes, era, posiblemente el mejor nivelador y reparador de mesas de villar de Ibagué. Tenía su taller en la C/ 10, a un suspiro a penas de la Iglesia Catedral.
Vivía con su mujer y su suegra en una casa modesta, (no tenía descendencia) tenía lo esencialmente necesario: un pequeño “freezer” y una cocina de leña, sin lavadora y sin aparato televisor. Por supuesto, no podía faltar una radio encendida prácticamente todo el día, donde no paraba de sonar música folclórica del departamento del Tolima: el Sanjuanero, el Bambuco, la Caña, el Torbellino, y desde luego lo más reciente: los Vallenatos.
A Diomedes, le iba bien el negocio, y se propuso renovar parte de sus herramienta, con los pesos que ahorró en la bonanza profesional. Tendría que desplazarse a Bogotá. Se lo contó a su mujer, y esta se apuntó, como si de unas vacaciones se tratara. La suegra a su vez se apuntó al enterarse, con la escusa de comprar hilos para tejer que no encontraba en Ibagué. Diomedes, trató de explicarles que se le dispararía el gasto, y entonces no podría comprar lo que necesitaba. No hubo manera, se apuntaron y, a callar. Y como el hermano de su mujer le dejó el auto a petición de la madre, pues, lo dicho.
Iniciaron viaje al despuntar las primeras luces. Tardarían entre ocho y nueve horas en recorrer los apenas quinientos km que les separaba de la capital, teniendo en cuenta, que debían hacer una parada para comer algo. Llegaron entrando la noche, y se acomodaron en una pensión en el barrio de las ferreterías.
Después de una mala noche en cama extraña, se fue al baño comunal para asearse un poco y afeitarse. En esto andaba, cuando escuchó gritos que provenían de su habitación. Salió aceleradamente con el rostro enjabonado, en el pasillo se encontró a su mujer, en bata y sumamente alterada, tanto, que no atinaba a explicarse. Diomedes, intentó tranquilizarla, pero parecía una tarea imposible. Cuando al fin lo consiguió, entraron al dormitorio de la madre, y comprendió lo sucedido, la señora se encontraba tirada en el suelo a los pies de la cama, estaba rígida. Evidentemente había fallecido.
Cuando se calmaron un poco, dispusieron como enfrentarse a esta lamentable situación. ¿Si, avisarían a las autoridades locales? algo a lo que su esposa no estaba dispuesta. Ella, prefería llevarse a su madre de vuelta a Ibagué, para enterrarla en el cementerio local, junto al resto de su familia.
–Pero, eso costará mucha plata- dijo tímidamente Diomedes. No, si nos encargamos nosotros- contestó su esposa. Baja inmediatamente y encárgate de comprar un Ataúd, y la trasladamos en el auto.
Diomedes, se puso a la tarea. Primero preguntó en una Funeraria, el costo de la caja superaba con creces su presupuesto. En la siguiente funeraria, de nombre: “Sin Prisas”- igual de cara para su bolsillo- pero le indicaron que preguntara en las carpinterías. Así lo hizo, pero sin éxito. Teniendo en cuenta, que en el viaje: con las comidas y cenas, más los seis galones de Nafta, apenas le quedaba plata para volver; cuando menos para comprar una caja, lo suficientemente grande como para meter a su suegra. ¡Dios! ¿Qué podía hacer? Siguió andando, y vio lo que podría ser la solución. ¡Una tienda de electrodomésticos! Entró preguntó y salió con una caja de cartón, de las que se usan para embalar las lavadoras. Tenía las dimensiones necesarias.
Con la ayuda del vigilante de la pensión y con mucha dificultad, metieron el cadáver en la caja, y a su vez, la caja dentro del auto.
Iniciaron camino de regreso, él, con cara descompuesta, ella, con la de perro. La esposa no paraba de refunfuñar; que si era un calzonazos, que si, hubiera sido su madre no la trasladaría en esas condiciones. Cuando se enteren mis hermanos te van a ajustar las tuercas.
Todo el camino se la dio de esa manera, entre gimoteos, suspiros y algún manotazo en el hombro. Hasta que pararon cinco horas después en lo alto de la cordillera, para comer algo, refrescarse un poco y hacer sus necesidades.
Diomedes, enderezó el cuerpo, con un sancocho de gallina y un tinto con panela, la mujer le hincó el diente, a unos frijoles con chicharrón, eso sí, sin parar de decir; no se pa que como, me va hacer bilis.
Después de ajustar precio con la dueña del “Mirador de Lucy”y pagar con la última plata que le quedaba, se dirigieron al auto, la sorpresa fue mayúscula; lo habían forzado robándose el contenido,es decir; llevándose la “lavadora”. Diomedes no podía contener por más tiempo a la gallina sancochada en su interior, que, como si estuviera viva, pugnaba por salir del gallinero. Su mujer se desmadejo, como si la hubieran sustraído el esqueleto. Nadie aportó nada, nadie vio nada. Hicieron una batida por los alrededores-nada-. Dejaron la dirección de Ibagué a la dueña del chiringuito, por si le llegaba noticias les avisaran lo más puntual posible.
En Ibagué, la mujer dio cuenta a sus hermanos, y estos le dieron un plazo de cinco días a Diomedes para que encontrara a su madre; si no, le darían fierro.
 El hombre lo intento en vano, se le pasó el plazo y los hermanos con fama de no dejar cuenta sin ajustar, le perseguían y buscaban sin dar tregua. Una noche cerrada se acercó a mi local, y justo cuando me disponía a echar el cierre se coló por debajo, pidiéndome por favor que le escuchara. Relatandome la historia (sabida por todos los practicantes de este deporte). Me dijo que cuidaría de mis mesas, reparándolas y nivelándolas, cuando la clientela se fuera al cierre del local, a cambio yo, le daría algo de comida y le dejaría esconderse allí, hasta que los hermanos de su mujer se olvidaran de ese asunto, o le perdonaran. Pero había trascurrido cerca de ocho años, y los hermanos estaban más obsesionados que nunca.
Ahora, soy yo el que tiene que mantener el secreto, pues los vengativos hermanos, han extendido su amenaza a quien le de cobijo.
 A sí que, gallego, esta historia tiene que quedar entre nosotros, si no quiere ser responsable de dos o incluso de tres muertes, porque usted; ya está incluido en el programa.

Tinto=café
Panela=Azúcar de caña, en piezas circulares de unos 15cm de diámetro y 3cm de grosor
Fierro= arma de fuego

lunes, 11 de enero de 2010

ESPAÑA

"Sed de libertad"
                                                 Madrid
                                                             
Trascurría el año 1970. En España esta década supuso el inicio de muchos cambios pero la realidad sociopolítica seguía en manos de la dictadura, que aunque agonizaba se aferraba con fuerza al poder, negándole al país, y sobre todo al pueblo, recuperar el puesto que le correspondía en la historia. Era una época de fuertes enfrentamientos, manifestaciones, panfletos en el metro, células del P.C.E que invadían las arterias callejeras, curas con vocación a “Pacos”, -que no a franciscanos-, “pozos” como el de Raimundo, del que no paraban de salir “rojos” hartos de ser negros.
 La conciencia social era contagiosa, hasta la derecha enseñaba su izquierda, que antes guardaba en la espalda, no fuera ser que firmara con ella. Todos, menos esa camarilla bajo palio, sabían que el “muro” caería, aunque fuera en su cama. Los sindicalistas con uniforme del vertical escondían su vergüenza en el sobre de la paga que les daba el patrón en un aparte, reclamándoles su deber para con la patria. La gran mayoría de ellos eran chivatos, lameculos con sus jefes, paternalistas perdona despidos con sus compañeros. Bueno sí, sé que parece el retrato de algunos “sindicalistas” de hoy (2009), pero se diferencian en que a los de vertical se les veía venir, y a estos…bueno, dejémoslo aquí.
Yo había cumplido 19 años y estaba comprometido con el sindicalismo de célula hasta las “rejas”. Producía beneficios con mi trabajo a un patrón enriquecido escandalosamente dueño de una imprenta que imprimía todas las revistas médicas de la Seguridad Social de todo el país y aprovechando el dinero público, también editaba para hospitales privados. La imprenta se llamaba “Ficheros Médicos” y los contratos con el estado los conseguía “digitalmente”.
Este año se celebraban elecciones sindicales en la rama de Artes Graficas y Prensa. Ya se habían celebrado en otros sectores, como el de Cinematografía, con un serio retroceso de los sindicalistas adeptos al régimen, (dentro de los Jurados de Empresa) en favor de los nuevos sindicalistas, formados en las “Comisiones Obreras”, organización ésta impulsada y apoyada por el Partido Comunista de España. Y yo estaba como candidato delegado, vigilado por los fachas y con un pie en la calle como mínimo, porque la persecución y detención de los miembros de nuestra organización estaba a la orden del día. Recibía avisos malintencionados, del tipo- vamos chaval, eres muy joven y tienes toda una profesión por delante-. Por otra parte, también me daban golpecitos en el hombro algunos compañeros. Me imagino que de apoyo.
Me acababa de comprar una furgoneta, Ford Transit, de segunda mano, y estaba planeando un nuevo viaje a África, sólo que esta vez lo haría en mi propio coche cama, e iría al África de verdad. Tenía pensado cruzar el Sahara. Utilizaría la Transahariana. Bueno , decir “cruzar el Sahara” suena muy atrevido, en realidad quería decir: cruzar parte de este mítico desierto. Atravesar Marruecos por el norte hasta Argel (Argelia) y desde allí, tomar la recién construida carretera Transahariana, dirección sur hasta la frontera con Níger. Total tres mil quinientos Km. Unos mil Km de Madrid a Argel, y dos mil quinientos de sedienta incertidumbre hasta Níger.
                                                               Taghit
                                                               
Los meses siguientes a la compra de la “furgo” los dediqué a acondicionarla, y a buscar compañeros de viaje para compartir experiencias, gastos y soledad. Bien, se apuntaron cuatro amigos. Tres eran de mi barrio y el otro un compañero de la imprenta. De los cinco, tres trabajábamos y los otros dos eran estudiantes con “posibles”.
Mi intención era partir a mediados de octubre y regresar antes de navidad. Porque eso sí, era condición “imprescindible” pasar las fiestas con la familia. Así me lo hicieron saber.
Estábamos en febrero y teníamos cerca de ocho meses para reunir el dinero y comprar los repuestos necesarios como correas de refrigeración y de trasmisión, filtros-tanto de aceite como de aire y de gasoil, inyectores, crucetas de dirección, un par de amortiguadores, dos ruedas de repuesto, ¡importante! rejillas de protección para las lunas delantera y trasera, y las rampas de hierro, por si nos quedábamos atascados en la arena, lo que sucedería con toda seguridad. Combustible, calculé unos cuatrocientos litros. Y la despensa, la mayoría enlatada: embutidos, y cantidad de sobres de sopa y pastillas de avecrem, (muy necesarios para la retención de líquidos, por su alto contenido en sales minerales) las frutas y verduras las compraríamos a lo largo del camino. Era un alto presupuesto, pero una gran inversión para nuestra supervivencia.

El empresario y el encargado de la imprenta, que a su vez era el presidente del Jurado de empresa (en la actualidad, comité de empresa) decidieron que las elecciones se celebraran en el mes de agosto, aprovechando que la mayoría de los trabajadores estaban de vacaciones y así controlaban mejor a los “revoltosos”. Para el nuevo comité nos presentábamos ocho candidatos, de los cuales cinco repetían candidatura y eran propuestos por la empresa, y tres camicaces infiltrados en el vertical que nos atrevíamos a desafiar al sistema y al jefe. Los tres estábamos verdaderamente inquietos, mucha presión. Emilia por encuadernación, Pablo por los maquinistas (Offset y tipografía), y yo por fotomontaje.
Pablo era el colega que se apuntó al viaje conmigo, un tiarrón de uno noventa con mostacho y pelo ensortijado, honrado y prudente pero un poco miedica e infantil. Me sorprendió su candidatura. Nunca pensé que aceptaría cuando se lo propuse. Tenía unos veintidós años, recién licenciado del servicio militar (voluntario de aviación). Se pasaba el día contando batallitas del cuartel, del tipo; cuando íbamos de maniobras, los mandos nos trataban de otra manera, con menos disciplina y tal. Eran muy camaradas.Nos aconsejaban cómo defender las posiciones. Por las noches, en el campamento, nos cogíamos unos pedos tremendos y nos castigaban haciendo retenes nocturnos. Entonces puteábamos a los novatos. A los veteranos se nos diferenciaba de los “novatos” porque teníamos las gorras “capadas” etc. etc.
Se arrimaba a mí a la hora del bocadillo -siempre pensé que era porque yo desayunaba con las chicas de encuadernación- .En esta sección trabajaba Emilia, de 24 años. Una chica que había sufrido malos tratos por su ex novio, atreviéndose a denunciarle. Enfrentándose a las autoridades y justicia de la época que le aconsejaban, con mucho paternalismo, que abandonara esa actitud y volviera con su futuro marido, ya que, si él le había pegado seguro que motivos no le faltarían. Al tipo en cuestión le llamaban “Carlitos”, a pesar de sus 30 años. Era el hijo de un jefe militar (coronel o teniente coronel), al que le faltaba un brazo y siempre vestía de uniforme con la manga de la chaqueta cosida a la hombrera y luciendo medallas. Esto, pensaba él, le hacía merecedor de la verdad cada vez que tenía que enfrentarse a la justicia para defender al pendenciero de su hijo. Emilia no se dejó amedrentar y mantuvo su aptitud hasta las últimas consecuencias, siempre apoyada por sus padres. Hacía más de un año que Emilia le dejó, pero él no se daba por enterado. A los chicos de su posición no se les deja, son ellos los que deciden.
Cuando yo la conocí, “Carlitos” era el pasado. Emilia salía con “Nando”, un vivales de la Prosperidad , con un delfín tatuado en el antebrazo derecho. En verano, vestía de vaqueros y camiseta blanca de tirantes ajustada, luciendo fibra, como Marlon Brandon en “Un tranvía llamado deseo”.“Nando”, desde que conoció a Emilia, cambió mucho. Empezó a trabajar como montador de grúas con el padre de ella y fue quien se hizo cargo del tal “Carlitos”. Por lo visto mantuvo una "corta pero aclaratoria conversación con él".

Los otros compañeros del viaje eran: Nacho “estudiante” pero con posibilidades. Ángel, en tercero de carrera de Ingeniería, tocaba y cantaba en la tuna, (siempre me pareció un gilipollas, pero sin problemas para el dinero). Y por último y, para mí, el más importante, Alberto, mecánico, un buen amigo y gran currante. El único que no se comprometió para este viaje, aunque la idea le pareciera genial. Fui yo quien le metió en este “guirigay” porque un mecánico en el grupo era imprescindible, ¡a pesar de que mis conocimientos en mecánica eran bastante aceptables!
Cuando nos reuníamos para hablar de los preparativos y de la intendencia, tenía la sensación de que ellos vivían esto como una aventura, pero sólo dentro de sus cabezas, pues hasta el momento sólo yo había invertido en esta empresa: la furgo y quince mil pelas ahorradas, y teniendo en cuenta que estábamos a mediados de julio, la cosa la empecé a ver mal.
No paraban de contárselo a todo el mundo, que si nos vamos a África, que si tal que si pascual. Pero nadie aportaba un duro.Yo corría con los gastos de Alberto, ya que lo poco que ganaba se lo entregaba a su madre, viuda y con dos hijos más pequeños. Del resto, pura fantasía, así que empecé a hacerme a la idea de que en este viaje no iríamos más de tres, y eso contando que la mamá de “Pablito” no mediara en el asunto.
Alberto me fue consiguiendo piezas de segunda mano del taller donde trabajaba, no sin algunos riesgos. Yo, compraba lo más imprescindible. Pablo, conseguía bidones vacíos de los disolventes para las máquinas, que, bien limpios, servirían para el gasoil.
                                                                Planicie de Tademait
Corría el mes agosto y estábamos preparando las elecciones, cuando recibí el zapatazo. Pablo se descolgaba, no sólo del viaje, también de las elecciones. Demasiada presión, me dijo. Y una mierda, te han apretado las tuercas y te has cagado. Lo del viaje lo veía venir pero ¡¡descolgarte de la lista a estas alturas!! ¿Qué te puedo decir? ¿Que te vayas a tomar por el culo?Hablé con Emilia. Ya estaba enterada y no le había sorprendido.-Es un mierda­- sentenció. Ella seguía adelante.
Salimos los dos elegidos por amplia mayoría. Por un lado, alegrías y felicitaciones, y por otro, caras de perro. Pero nosotros a lo nuestro. En la primera reunión, pusimos un montón de reivindicaciones pendientes sobre la mesa y la respuesta: acusarnos de comunistas y amenazarnos con denunciarnos a la Guardia Civil. Ni qué decir tiene que en las reuniones sucesivas las intimidaciones fueron en aumento. Pero no llevaban a cabo sus amenazas porque estábamos respaldados por más del sesenta por ciento de los trabajadores y el jefe no quería llamar la atención. Demasiados chanchullos. Pero no bajábamos la guardia. Sabíamos que esperaban su momento. Una equivocación por nuestra parte y ¡zas!
Poquito a poco íbamos consiguiendo cosas. Como quitar esa estúpida norma de llevar batas blancas, por el mero echo de llamarse “ficheros médicos” y porque el jefe era médico y le gustaba vernos como en un hospital. Conseguimos cambiarlas por los trajes azules, típicos de imprenta. También, que nos pagaran las horas extraordinarias.

Había decidido salir en quince días. No tenía todo lo necesario pero no podía retrasar el viaje. En la empresa no me iban a cambiar las fechas de las vacaciones. A Alberto le pasaba tres cuartos de lo mismo. Nada. Decidimos que saldríamos el viernes 18 Octubre con lo que tuviéramos. Dos buenos amigos, terreno por delante y mucha ilusión.

El 12 de octubre tenía una reunión con los camaradas que formábamos la célula en los bajos de la parroquia del Santísimo Sacramento, en la C / Navarro Amandí con Arturo Soria. Se estaba preparando la respuesta al juicio de Burgos, en el que nueve etarras fueron condenados a muerte por una corte militar. Al finalizar la reunión nos repartimos los “panfletos subversivos”,impresos en la famosa “coreana”, donde se indicaban las direcciones de “los saltos” y las concentraciones.
 Tocábamos a unos dos mil panfletos cada uno para lanzarlos en distintas partes como en el metro, en Sol, a la salida de los grandes almacenes, en Plaza Castilla… Es decir, donde había más concentración de trabajadores. Salíamos con nuestras bolsas de deportes al completo y de uno en uno para no llamar la atención. La Brigada Político- Social había duplicado su vigilancia y aumentado la represión. No dudaban en torturar para conseguir información.
Cuando puse el pie en la calle me taparon la cabeza con algo y recibí un brutal golpe en la nuca. Me desperté con un fuerte dolor de cabeza que seguía tapada. Estaba aturdido, me faltaba el aire y sólo alcanzaba a escuchar las sirenas de las “lecheras” y los gemidos de algunos de mis camaradas que eran insultados y golpeados por los que nos detuvieron, mientras nos trasladaban a la D.G .S. donde fui interrogado durante once días y once noches.
Fui juzgado por el Tribunal de Orden Público, creado especialmente para la represión- Me sentenciaron a tres años. Apenas cumplí uno.
Un viaje algo más largo de lo previsto, nueve meses, pero, eso sí, lleno de sorpresas. En cierto sentido, atravesé un “gran desierto” y tuve mucha sed…“sed de libertad”


miércoles, 30 de diciembre de 2009

ECUADOR

                                                          Maná
 
                      "  Los errores de Nelson"                  
Nelson se había propuesto volar de Madrid a Quito (Ecuador). El es nacido en La Maná pueblito del departamento de Quevedo a unos 600km de Quito, es decir unas 14 ó 15 horas de tortuoso camino, en una guagua que con suerte tenía menos de 10 años.
Tuvo que abandonar su país a un alto costo, las mafias locales le prestaron el dinero (1000$), para viajar a España, a cambio el tenía que devolver 5000$, en el plazo de un año, y si no cumplía con su parte los prestamistas se quedaban con las tierras y las viviendas de los familiares. En caso de que no tuviera tierras, casas, o, dinero -secuestrarían a las “mujeres” no casadas para “utilizarlas” en lo que la organización dispusiera y el tiempo necesario para pagar la deuda.
Nelson era un cholito con pocos recursos en busca del “Dorado”, lo mismo que los “gallegos” en el siglo 15, por eso aceptó el trato, y el dinero. Encontró trabajo en Madrid cinco meses después en una empresa de servicios, que se dedicaba a las subcontratas en las “limpiezas” de hospitales de desechos clínicos contaminados (sida, y enfermedades contagiosas) y sumó otros 1000eu de deuda.
Tres años había pasado en esas condiciones, doce o trece horas de trabajo, seis días a la semana, y por quinientos ochenta euros al mes. Por fin consiguió pagar la deuda y ahorrar otros dos mil euros para sacar un billete de ida y vuelta a Ecuador, para visitar la tumba de su madre que falleció cuatro meses atrás, no sin antes haber pagado un alto tributo,(camas calientes, compartir habitación con familias, humillaciones, racismo).
Compró el billete tres meses antes, para pasar con su familia las navidades.
 La compañía aérea: Air Comet, llevaba más de seis meses recaudando por la venta de billetes, y sin la intención de fletar ningún avión. Sus trabajadores en pie de guerra por no cobrar la nómina desde el mes mayo del año en curso. Su presidente; Díaz Ferrán, que además-por pura coincidencia es presidente de la patronal española- y que a pesar de haber vendido 70.000 billetes hasta abril del 2010, y con una regulación de empleo en ciernes, en una de sus 50 ó 60 empresas, y, los empresarios españoles respaldándole. En realidad, a estas alturas, quien duda de que el modelo de empresario que respalda la patronal en este país, el ejemplo de resistencia frente a las reglas del juego. Frente a los impuestos > paraísos fiscales. Crean una crisis>ocultan beneficios. El estado les socorre>destruyen puestos de trabajo. Este empresario llegó a decir a los medios de comunicación, que con los antecedentes de esta compañía, si tuviera que viajar no hubiera comprado un billete a esa línea aérea ¿?
Nelson cometió un nuevo error, no estaba puesto en las nuevas técnicas económicas, y, no estaba pendiente de los canales audiovisuales, como “Intereconomía”, donde se recogen las declaraciones de estos empresarios “ejemplares”

domingo, 27 de diciembre de 2009

"Mi abuelo"

 Sé, que era carpintero, que tuvo seis hijos, que le pilló la guerra en lo peor de su vida, y defendió al gobierno elegido democráticamente luchando en las filas republicanas. Fue detenido tres meses después de acabar la contienda civil, denunciado por un vecino y condenado a la pena de muerte, que le fue conmutada por trabajos forzados de por vida. Veinte años duró en esas condiciones.
 En el mes de diciembre de 1960 yo tenía nueve años y recuerdo que estaba sentado en la cocina de mi abuela Sofía, al lado del fogón de carbón, ese día se había encendido para la ocasión (pues no siempre se encendía, salvo las horas de la comida y los domingos) Era de noche y estaban casi todos mis tíos, hablaban muy bajo. No había ni un solo vecino de mi abuela, me extrañó -pues mi abuelo era un hombre muy querido y respetado en el barrio. Yo aun no le conocía pero- recuerdo cuando iba a la tienda de ultramarinos con mi madre -Paco, el dueño de la tienda- siempre la preguntaba por su estado y más tarde añadía "que injusticia mas grande". Más adelante comprendí que el miedo les impedía ir a recibir a mi abuelo.
 Hacía una noche de perros, los días anteriores había nevado pero ese día no paraba de caer un aguanieve que a la sensación de frío se añadía el de la humedad, a fuera el patio estaba todo encharcado. Debían de ser mas de las nueve porque mi madre se fue a acostar a mi hermana Carmen, yo, me negué a irme, lloré y le dije a mi padre que quería conocer al abuelo, mi tía Luisa me echo una mano y me quedé, tenía sueño pero estaba muy excitado. Sonó una sirena y todos se precipitaron a la puerta, yo salté del fogón y les seguí, nada más salir, una pareja de la Guardia Civil (con tricornio capa y máuser al hombro) nos paró en seco y en tono amenazante y señalando una esquina del patio nos indicaron que permaneciéramos allí hasta nuevo aviso. Yo estaba helado -había saltado del calor del fogón a la intemperie y con lo puesto. Mi padre se agacho y me envolvió con su chaqueta abrazándome fuerte pero tiernamente, noté que lloraba -podía sentir sus escalofríos- todos llorábamos en silencio. Mi abuela Sofía se quedó dentro -no lloraba- (mi madre siempre decía que la abuela era muy fuerte, honrada y luchadora). Le traían en una camilla dos soldados, mi padre se puso de pie y todos se acercaron pero la G.C. lo impidió amenazándonos con las armas. A penas conseguí verle, pero me causó una gran impresión -estaba muy delgado y amarillo- le recuerdo respirando a borbotones por la boca. Esa noche me dormí tarde con angustia y llorando -contagiado por mis padres que lo hacían desconsoladamente- no sabía si lloraban de alegría o de tristeza. Mi madre abrazaba a mi padre y le besaba dulcemente.
 De los pocos ratos que pasé con mi abuelo (pues vivió pocas semanas) conservo recuerdos que -me gustaría no se borraran nunca. Yo, en una ocasión le pregunté si le habían detenido por no creer en dios, a lo cual me respondió -no sé si existe dios, pero si así fuera algún día tendrían que juzgarle por habernos creado defectuosos, porque si estamos hechos a su imagen y semejanza - qué decir de las guerras del hambre las injusticias creadas por "sus semejantes". Se supone que todo lo ve ¿también ve como nos matamos? y ¿llora?
 El cura de la Parroquia del barrio, todas las noches le visitaba (con el único fin de darle la extremaunción). Mi abuelo siempre se negaba diciendo -Sofía vamos a cenar que este señor se querrá marchar- y después me guiñaba un ojo. Cuando murió mi abuelo, me abracé a mi abuela y no lloré.

sábado, 26 de diciembre de 2009

El "cuento" de la Navidad.

Es Navidad, ¡qué bonito! mira un árbol iluminado con infinidad de luces de colores, y allí un Papa Noel con un saco a sus espaldas, descolgándose de un balcón.
Una pareja sonriendo y cargada de bolsas sale de una tienda de regalos. El con traje de alpaca y ella con abrigo de piel. En la puerta sentada en el suelo y tapada con un cartón, una niña de menos de quince años les pide una limosna con una cestita que sujeta su mano, sus ojos vidriosos debido al frio se clavan en los de la mujer buscando un resquicio de piedad, la mujer esquiva la mirada y dándole la espalda le dice elevando la voz, -Lo siento tengo las manos ocupadas, ah, y “Feliz Navidad" encanto, tienes unos ojos muy bonitos.